lunes, 25 de noviembre de 2013

Presencias 2


Estas presencias vinieron tras de las primeras, que salí a buscar, las encontré en un libro que compré apropósito sabiendo que iba a desarmarlo  y usar las tapas de tela por un lado y las hojas como soporte para pintar por otro.
Pero estas no salieron de ahí, acudieron luego, seguramente se metieron por la ventana que mantengo abierta por el olor del esmalte , descolgadas del tiempo cayeron, podrían haber visto la luz en otra parte pero salieron a la superficie de estas hojas de papel que ya tenían algunas capas de pintura como fondo y ningún destino por lo pronto, ninguno que yo imaginara.





esmalte sobre papel 58x86cm  R.C
esmalte sobre papel  58x86cm   R.C
           


Cuanto tiempo ese dedo de silencio
Dominando el insomnio interminable
Que reina en las esferas
Es hora de dormir en todas partes
El sueño saca al hombre de la tierra  


                                         Vicente Huidobro     /Altazor





esmalte sobre hoja de libro       tres de 29x45cm

martes, 19 de noviembre de 2013

Asociación libre 3



Esta asociación libre, hecha una mañana de noviembre junta orillas de otras tardes, noches y años, las dos orillas hablan de lo mismo, un río que ya pasó  y estará ahora siendo en otra parte. La poesía no tiene originalmente esta forma, acaba de acomodarse así en este espacio  y está bien.
  



                                         

                                                          atardecer



que cuando dice acelera / mataría       veces / la de si lo que fue sería / tobogán  o rampa
salto del hundimiento    saberlo / libación de otros cuerpos llovidos a cántaros
descenso de un boomerang amnésico / la bisagra totémica de nuestros pudores
reventó/ abrió en herida / mutó en luz / germinó como un disparo inverso
la última vez  penetraste / habíamos sorteado la postura / salió que uno era imán y el otro + imán ayer
las criaturas que viven en sueños deambulan ateridas por el páramo diurno / esquivando
la daga en la voz por si siempre / los lobos sueltos del carácter cabalgan desnudos
a la lumbre de las palabras /aquí nomas en el lejano oeste al fondo de la heladera vacía
y cara de niña / parada frente al ventanal de la sala mira el verano / dice de espaldas         si te vas / me muero        bueno no / quizá         bajo sus pies / ya es invierno


R.C       naturaleza viva                                      madrid 2004



abre la palma de la mano temblando / caen palomas muertas
la otra  /sostiene hiperquinética el cigarro       los días por la borda / para cuándo y el cómo de quién /
arriba de los estribos  aguijonea la potra de mis ansias / esperanza sin z 
ni colibríes sin doctrina / fusilando el alba al alba  con destellos de la que fuiste /
ahora moran /  pasan boca arriba como todo lo muerto / puntos suspensivos
en posición de pregunta / sin entelequia / sin remitente = fundan ciudades deshabitadas            
las calles callan y las casas se desfloran como si los 100 watts sanguíneos restaran
ya de su menos /  y el debe del abismo saca pecho como un gallo eternizado en una polaroid

cara de niña está frente al ventanal y dice / ahora que me dejarás / que será de mí.



                                                                                             R.C       2005


domingo, 20 de octubre de 2013

papeles pegados o la memoria

Estos son fragmentos, de papeles, de momentos,rastros para pegarlos en una ventana y armar una memoria, una sola escena que junta otras que no fueron al mismo tiempo.


(papelito de cuaderno sin poner fecha, pero es del 99)



Habrá un sitio
habitable dentro del tiempo?
acaso sea el cielo
o el rumor suspendido en vuelo permanente 
como alas del llano 
ahogándose en el mar de lo real?
aquí
allá
en aquel sitio
esos lugares creciéndome por dentro
de los
que no guardo ni anhelo
recuerdo
tampoco fatiga
a su regreso                                                aquí será?
                                                                  aquí seré?









                                                                      Promesas 




Cuando llegué de la calle lo vi sentado en el descanso de la escalera, impávido, como esperando desde hace siglos este momento. Sabiendo yo,que como mucho podría llevar ahí el par de horas que anduve fuera.
Su presencia fue un suave,silencioso e implacable dedo apuntando sobre el almanaque de la memoria.Hoy era el día. 
Las promesas se hacen para cumplirlas y fue exactamente lo que repitieron mis palabras, cuando antes de formularme la suya,me interrogó. Harías algo que te 
pida aunque no estés nada de acuerdo y ocurra en un futuro y para mi signifique la mayor entrega de generosidad que haya recibido de alguien.
Mis labios se adelantaron,dijeron si,mi pensamiento quedó asomado al abismo abierto por la respuesta, y quedó quizá, en ese lugar durante los tres años que pasaron hasta hoy.
Se levantó en silencio y lo seguí del mismo modo, los escalones hasta mi departamento fueron el último ascenso esforzado que tuvo que soportar su abandonado deseo corporal.



                                                                                                               

                                                                                              R.C    creo 2003 o 04

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Presencias

barniz y esmalte  29 x 45cm sobre collage




martes, 27 de agosto de 2013

Ellos

Sí, ahora me acuerdo, era Axolotl , exactamente lo que estaba leyendo en el banco enfrente de ellos, en un espacio del Jardín Botánico resguardado por árboles al que me gustaba ir con un libro algunas tardes de sábado, durante unos años que vivía cerca de allí.
Nunca les había prestado particular atención y quizá tampoco a ninguna de las esculturas que me cruzaba en los senderos atravesando el parque hasta llegar a ese rincón que poco a poco fue lo único que me importaba del lugar, por algún motivo los caminantes no iban casi por ese lado, en verano cuando se llenaba de adoradores del sol lo hacían alejados. Así y todo hasta esa tarde no había reparado en ellos, hasta que entre una de las varias lecturas del principio del cuento de Cortázar,  /Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardin des Plantes y me quedaba horas mirándolos,observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl / enredado en el magnetismo de esas primeras imágenes levanté la mirada  hacia las nubes, al bajar  percibí que ellos estaban envueltos en un plástico, que estaban heridos, no sé si fue eso  lo que hizo que les viera esta vez de otro modo, y me preguntara si les habían envuelto o eran ellos yéndose, primero de las miradas, luego de la inmovilidad, de la luz, luego de todos.
Sus miradas son hacia el cielo o la noche, pero no el mismo ni la misma, cada uno es imán de una nada opuesta, de un sino en direcciones distintas, ahí fue cuando me surgió la necesidad de quedarme con ellos, ahí, no antes, ni quizá mas adelante que seguramente los reconstruirían, fui a buscar la cámara y volví cuando el sol ya empezaba a bajar.
 Unos años después escribiría una serie de poemas luego de haber transitado por algunos pasillos luminosos en el principio y oscuros en el  final , como dicen que dijo Lope de Vega: el amor tiene fácil la entrada y difícil la salida, ellos ya lo sabían muchas veces, mas que nadie.

Esa noche casi no dormí pensando en como se verían bajo la penumbra plateada de la luna, o tal vez por las noches no estaban, viajaban al fuego del pasado y por eso volvían cada vez mas dañados, prefería imaginarlos recostados en el mismo banco a donde ya no quise sentarme nunca más. Tiempo después arreglaron la escultura, pero ellos ya no están ahí, como la cigarra dejaron sus pieles, su apariencia, su canto mudo distrae la lectura de otros en otros parques.

RC 2013







                                                                       Canción de nunca llegar


Luz de los ojos en las manos
la calma del verano en los silencios
y la voz de los sueños volviendo
traíamos esa mañana

después de tanta noche a cuestas
las promesas son llamas de velas
que cesan, hojas en blanco, corazas
de algodón para cuidar la verdad
trigo de los labios

nos dimos alas
que en el ascenso violeta del vino
se llevaban todo el vuelo que supimos
mirar, cuando le ganábamos a la nada
sobre una cama

saludábamos la pena de los días
como si fueran barcos partiendo
y con su estela de espuma le contaban
como era el cielo a las sirenas
niñas perdidas del amor

que viaje al dolor, que disparo de claridad
buscamos temprano sin saber y encontramos
tarde sin querer, eso que llaman verdad.


                                                                        RC 1998

lunes, 19 de agosto de 2013

Asociación libre 2/ sin mas


Entre esta pequeña pintura y aquel largo poema hay 15 años de distancia, y hasta recién no había especulado con la posibilidad de que convivieran juntos.


técnica mixta sobre tapa de libro 30 x 49cm                    2013 anoche



                               Oficio





Se sienta a la mesa, a escribir
a sangrar papelitos, como quién
lava su memoria (oleaje que vuelve
de la carne) hasta calmar las
preguntas del día.

Como poeta
que no tiene amor en los bolsillos
ni la querida al final de los dedos
ni doblando la esquina, se sienta torcido
con su espalda de poeta inclinado a buscar
lunas en el fondo de una hoja o del
vaso de beber y apenas encuentra letras
para eso se quita de los ojos al niño
que viaja por su cuerpo.

los brazos inmóviles sobre la mesa
son los amigos del niño, que lo miran
por la ventana, como esos peces que van
a un museo a mirar cuadros del mar.

Como poeta cierra las ventanas y espera
a que salga la noche, paga las cuentas que
le pasan por debajo la puerta
le tiran a diario pedacitos del mundo y
por debajo los pies tiene perros ladrando
que la libertad ya viene, que está despertando
mientras otros perros mejor alimentados
los muerden fieramente hasta que sangran
y se desmienten como hombres.

 Qué quiere el poeta
cuando se pone sus partes
y sale por ahí a buscarse como si fuera
una calle sin nombre y su alma viviera
en una casa alquilada al final de esa calle.

Ansía recibir alguna vez una carta donde
diga que una querida del tiempo murió llevada
por las fiebres y del sudor le salían niños
que cerraban las ventanas, que no tenían rostro
y agitando las manitas esperaban a
que saliera la noche.

Qué quiere
cuando hace lo que sueña, y sueña
con lo que no dice, si no anda feliz, si no
tiene en el blanco de los ojos países donde
las manos de los iguales tengan arrugas y
trabajo, si no tiene hijos que le vuelvan después
de una guerra o del amor.

He visto
a los huesos del poeta tomando vino
agarrados de la mano, haciendo rondas en
el puesto de flores para alegrar la tarde
de los que pasan solos,
he visto al poeta caerse por no tener dentro
los huesos, y esperar despierto hasta que alguien
los deja al pie de la escalera, el poeta no les
grita ni pega cuando sale el sol, les pide
que no sean tan largas sus ausencias.

Porque a veces, viene cantando la querida
y el
sin los huesos
no le puede abrir la puerta.


                                                                                     RC  1997

domingo, 11 de agosto de 2013

Nombres


                                                                                 XIII                                                                

                                                           eris 
                                                           mi única avla/
                                                           no sé 
                                                           tu nombri/


                                                       Juan Gelman
                  extraído de´´Dibaxu``poemas en sefaradí.




¿De donde nos viene esa necesidad compulsiva de nombrarlo todo?
Si podemos nombrarlo lo vivimos. Si no; parecería, podría ser, quizá tal vez y así todas las formas de negar porque no hay un nombre de por medio. Conocemos a alguien preguntándole el nombre y es lo primero que olvidamos.
El nombre hace las veces de un anzuelo, nadamos anónimos en el río interior hasta que alguien dice nuestro nombre y salimos a la superficie a darle forma, cara e historia a ese nombre, en vez de mostrar las manos mojadas para que el otro sepa de donde venimos, si de agua dulce o del mar.
Cuando vi terminada esta pintura, sin pensarlo demasiado supuse que se llamaba o que se llamaría ´´cabecita loca``  ¿Por qué?  Quien sabe, aunque al rato sabía que faltaba algo, no era cuestión de quitarle el nombre que  había surgido naturalmente, normalmente tardo mucho en ponerles uno si es que lo hago, a veces la seña de  identidad de una expresión consiste en  no tener identidad, pero esta vez si, es ´´cabecita loca o el soldado japonés que se rindió 29 años después del fin de la guerra``. ¿Un poco largo ? apenas.

Cuando se me pasó la risa vino la pregunta, de donde viene esto, hace unos años lo había visto en un libro muy particular de Gregorio Doval: El libro de los hechos insólitos, un caleidoscopio de todo tipo de rarezas o episodios desconocidos desde que el ser humano nombra las cosas y al inventario  mas o menos detallado  con las omisiones de turno, que  llamamos historia. Jugando con la volatilidad de los nombres apareció un vínculo con  esta otra pintura que se llama ´´ s/t x ahora``  difieren dos años una de la otra en hechura y además esta última junto a otras dos forman una pequeña serie que quizá aun no haya terminado.


cabecita loca o el soldado japones...
técnica mixta sobre papel 76 x 110cm




                                              Yo canto.
                                              No es invocación.
                                              solo nombres que regresan.  
                                                                        
                                                                                   Alejandra Pizarnik



S/T x ahora                         acrílico sobre tela 1m x 1m




Hiro Onoda se llama (hasta hoy creo) el soldado Japonés que combatió en Filipinas contra la embestida de Estados unidos de Norteamérica (menos México) en esa isla luego del ataque japonés a la base de Pearl Harbor en Hawái. Estaba duramente  entrenado en tareas de inteligencia y sabotaje, desconfiaba naturalmente de todo estímulo  o señal que pudiera entrañar una emboscada y por eso mismo aunque tuvo en sus manos más de una vez papeles arrojados desde aviones anunciando el fin de la guerra supuso que se trataba  de una trampa , continuó escondiéndose y matando al enemigo (campesinos a los que creía cómplices o sometidos por el ejército invasor)  . Luego de casi 30 años se supo de él, primero por un grupo de turistas que lo vieron y establecieron algún contacto y eso llegó a oídos de las autoridades Filipinas que con ayuda de uno de sus compañeros de misión que había desertado anteriormente lo fueron a buscar y así finalmente depuso las armas y claudicó  en una guerra  ya inexistente.
 Hiro Onoda vivió una vida deteniendo a diario el instante de su paso a la clandestinidad,  al igual que  los seres de esta pintura, dejaron el reloj de arena  en posición horizontal.
El primero por su necedad y adiestramiento, los segundos por el antojo arbitrario de ponerles un nombre.

R.C 2013



lunes, 5 de agosto de 2013

Asociación libre I

Esta vez no hay historias, lugares, personajes para hilvanar recuerdos posibles o no tanto, pero hay cajones con libretas dentro, fotografías tomadas hace muchos años, textos nacidos de otras inquietudes.
De modo escalonado irán apareciendo entre medio de otras asociaciones quizá mas intencionadas y libres también.
Esta foto es de una calle de Rosario que hice entre 1993 o 1994 con una muy vieja cámara que es como una cajita (una Yashica Mat bifocal) que aún conservo y las poesías breves pertenecen a un conjunto que escribí sobre el 97 o 98 respondiendo a una  propuesta de mi amigo Gabriel, para integrarlas a una serie de imágenes que el había realizado de animales yacentes a la vera del camino y en las veredas de la ciudad (pronto el entendió que estos cuerpos abandonados de animales eran una alegoría de las ausencias humanas) donde vivía y vive que es Tucumán. Su idea era que los textos que yo pudiera escribir observándolas fueran entre foto y foto al momento de la exposición.  Por cuestiones practicas no lo pudo hacer como era su deseo. Pero las palabras que surgieron luego de empapelar con fotocopias de esas imágenes las paredes de la sala y convivir con ellas, ya formaban estas preguntas que no dejarán de interrogar cuanta certeza se les ponga delante. Sigo sin tener ni una sola respuesta a ninguna de ellas.



R.C 2013








pregunta cinco


Estos muros que ahora
son mi piel/ ¿serán
palabras aquietadas
unas
arriba de otras?

Un viento tibio que cierra
los puños/ baja los párpados que
adormece el músculo donde se
engendran los sueños.

¿Habrá puertas en esos muros?
Será mi piel un pasillo por donde
escapar/ para ir a nacer.  



                            
                                           pregunta uno                                                                                


                                     ¿Estos ruidos
                                     vienen del alma?
                                     allí
                                     estarán las manos afiebradas
                                     del que fui
                                     tallando la memoria de todo
                                     cuanto no veré.



                                                  

                                                         pregunta cuatro


Esta quietud
apretando desde los costados
en la claridad de lo mirado

subiendo a los hombros que soportan
la luz pesada de octubre

¿es una quietud
que cesará?

¿Tiene equipaje
o piel?

¿Quién?
le hizo creer que en mi
cuerpo descansa el asma
donde arde su destino.


                                                                                                 
                                                   








sábado, 3 de agosto de 2013

Migraña /serie esmalte sintético sobre papel de resma.2010


Desde cuando tenía diez me acompañan las migrañas, que solo van mermando al paso de los años, esta vez acababa de sufrir una embestida de ese hierro caliente que transita las arterias en el momento de la crisis. Luego de tomar el calmante y unas horas a oscuras, algo recuperado (un momento en el que veo mi exterior como una ciudad desconocida a los ojos de un inmigrante al bajar del barco, ignorando que nombre tiene la tierra bajo sus pies) y con precaria verticalidad, sin saber muy bien para qué desparramé algunas hojas de resma por el suelo de la pequeña salita. Busqué sobre mi tablero de trabajo alguna pintura que estuviera a mano y no me obligara a agacharme, encontré una lata empezada de esmalte sintético negro y agarré una varilla muy delgada.
Así en ese estado de penumbras y desde la altura de mi brazo extendido, fueron chorreando estas figuras, manchas,líneas, todas salvo una, ausentes del trazo intencionado del pincel.
Volví a la cama y dejé que la noche y los efectos del calmante deshicieran las agujas candentes licuadas en el torrente sanguineo. Por la mañana al levantarme con cuidado de no pisarlas, las vi marcadas por el dedo indice de luz que entra por la ventana y supe que había por primera vez puesto un rostro, una forma a esta indeseable sombra que encontró cobijo en el lecho de mi cerebro hace tanto tiempo; vi, que había pintado las migrañas.      

R.C




lunes, 29 de julio de 2013

Encuentro con Pyotr

acrílico sobre papel 85 x 120cm


Una de las cosas que mas me gustan es caminar mientras leo un libro o al revés. Riéndome solo, si la idea más seria y perfecta no arranca una sonrisa o hace bajar los párpados, rascarse la cabeza o morderse el labio Inferior, no quedará mucho tiempo grabada en la memoria. Cerré y puse bajo el brazo ´´Las Ciudades Invisibles`` de Ítalo Calvino, antes de bajar las escaleras.
La estación Pacífico del metro de Madrid un sábado a la tarde se convierte en un enjambre humano, todas las estaciones donde cruzan dos o mas líneas en cualquier ciudad grande resultan un lugar difícil de transitar, poco aire, menos espacio y la sensación que ante una emergencia es improbable poder obrar por si solo ni evadirse de la gran criatura que formamos todos esos miles de puntitos llevados dentro de una corriente subterránea.
Había comenzado el recorrido en la estación Usera de la línea 6 circular y por fin ya estaba en el andén de la línea 1 celeste,  que tomaría en dirección a la estación de Antón Martín. Abrí  otra vez el libro, miré por el túnel y no se veía el tren, trataba de ubicar la marca que había dejado en la página 94, cuando sentí una presencia mas cercana que las muchas otras que colmaban el andén, tuve que mirar incómodamente hacia arriba para llegar al rostro que había encima de aquel cuerpo, tenía su mirada clavada en dirección a mi, pero dudo que me viera claramente, el aliento a alcohol que despedía hubiera resucitado a un batallón entero recién caído bajo la metralla, a su lado había otro, no tan alto ni ancho, igualmente de unas proporciones desmesuradas al común de los mortales que transitábamos la estación.

Él empezó a balbucear palabras que no podía entender, supuse primero que por la borrachera pero además era otro idioma, con total desconocimiento deduje que era el ruso, la única frase que conozco en ese idioma es Ya lyublyu teyebya que significa:  te amo.
Algo me indicaba que ese no era un buen comienzo, hasta que él a pesar de su condición inestable pronunció algo que sonó a laguna, cuando lo repetí para ver si le entendía afirmó con la cabeza, la estación Laguna es de la línea 6 circular que acababa de dejar a mis espaldas en dirección opuesta.
Cuando interiormente iba a organizar las frases  y gestos para indicarle como llegar al andén correcto, percibí que la empresa estaba destinada a fracasar desde un principio. Esos dos metros de persona y la colección de cicatrices-(pensé por un instante que él pudo haber sido un mercenario en la guerra de los Balcanes, o un campesino arrasado por las huestes occidentales de la ONU, daba igual que cosa pudiera imaginarme, aún la más cercana sería superficial e incompleta)- en su cara eran la fachada de una mirada que estaba como ellos, perdidos, a punto del derrumbe.
Lo tomé de la mano y empecé a caminar para desandar todos los pasillos y escaleras que acababa de sortear, él a su vez llevaba del mismo modo a su compañero, al que no habría de oírle  siquiera el tono de voz.  La escena vista a cierta distancia sería  absurda, sobresaldrían las cabezas de dos Goliat por encima de cientos de transeúntes liliputienses,  impulsados hacia adelante por un guía invisible, que era David en versión reducida.
  
Mas adelante iba a leer en un libro de M.Berman  la descripción de las dimensiones monstruosas de la fundación y construcción de la Ciudad de San Petersburgo en 1703 sobre un pantano, bajo las órdenes del Zar Pedro I, su idea megalómana  consistía en construir  una ciudad que superara por mucho en dimensiones a Moscú y así refundar bajo su nombre el pasado y el futuro de Rusia. Después de una década había sobre el antiguo lodazal  35.000 edificios y diez años mas tarde 100.000 personas, el hombre había vencido a la naturaleza hostil y de paso a 150.000 obreros acabados en la epopeya.
Solo esa matriz histórica podía explicar las dimensiones y el aspecto rocoso de él, por ahora seguirá siendo él.
Una vez en el andén correcto el compañero se apoyó en una columna y él puso sus dos manos sobre mis hombros, no sé si su borrachera había bajado  un poco o por lo que fuera empezábamos a entendernos, algo, pero mas que la nada inicial, me preguntó de donde era, le dije Argentina suponiendo que difícilmente pudiera ubicarla y salirse del genérico dado por el idioma, sin embargo sus ojos emitieron algo parecido a una mueca de sonrisa y dijo, ¡ah! ¡ah!  Maradona, si, si le dije con la cabeza, eso mismo, pregunté su nombre y él a mí, entendí Pyotr, no sé al día de hoy con seguridad si existe tal nombre.

Llegó su tren, nos abrazamos y nos despedimos como si tuviéramos motivos para lamentar la certeza de no volver a vernos, en nuestra mirada sostenida se evaporaron por completo las distancias del lenguaje y la que hay entre Rosario y la ciudad Rusa donde el haya nacido.

Otra tarde pero aquí en Buenos Aires, tres años después, mientras pintaba y arreglaba el techo del departamento donde aún vivo, puse un pliego de papel misionero en la pared y con los muy pocos materiales de que disponía empecé lo que al cabo de un par de días sería una pintura, como siempre cuando empiezo una no sé a donde me llevará, o si llegaré a algún lugar reconocible. Durante esa semana desayunaba, comía,  cenaba, leía en presencia de la pintura aún sobre la pared sostenida con cinta de papel, hasta que por fin en un momento supe que lo que había surgido bajo la forma de esa pintura era el paisaje de lluvias y distancias marcadas por la pérdida y el destierro que gritaban silenciosos los ojos de Pyotr desde un pantano abismal; y la luz que había dejado en los míos.
Cuando salí del metro y retomé la lectura de la página 94 el único párrafo de esa carilla era:

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
-¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente?
-pregunta Kublai Kan.
-El puente no está sostenido por esta piedra o por aquélla- responde Marco-, sino por la línea del arco que ellas forman.
Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade - ¿Por qué me hablas de las piedras? Es solo el arco lo que me importa.
Polo responde – Sin piedras no hay arco.


R.C 2013    

domingo, 28 de julio de 2013

tres cajas con esmalte sintético

Muchas veces mientras camino por las calles, encuentro entre lo que otros tiran, señales de un hallazgo posible, pero mudo. No nos fue dada la capacidad de oír lo que dicen las cosas.
Volviendo a casa de noche por México esquina Perú , vi una pila enorme de basura que habían tirado de alguna oficina, folios, carpetas, libros de contabilidad ( los limpio y luego uso las tapas como soporte para pintar, me gusta el quiebre que rompe con la superficie plana ) un sillón de  jefe que mejoró su posición y donde sentarse, impresoras rotas, un porta retrato humedecido, además de otras cosas en desuso y un telegrama  de renuncia sin enviar con fecha 1984.
Entre todo eso había tres tapas de cartón, y cuando las levanté empecé a imaginar que de ahí saldrían figuras. La línea dentro del movimiento revestido de un cuerpo,eso fue surgiendo a medida que les quitaba la tierra y la mudez a estas tapas de cartón, eso aparece a veces mientras practico las posturas de yoga. A esas fronteras invisibles intento aproximarme cuando pinto, el territorio que palpita y se consume antes de los ojos, antes de la razón.
Pocas son la veces que lo alcanzo, pero en uno solo de esos movimientos,como un tuétano luminoso y vertebral, viven todas las palabras que pueda aprender para nombrar lo que existe.

       R.C 2013                                                                                                                                      



Las cosas nos imitan.
Un papel arrastrado por el viento
reproduce los tropezones del hombre.
Los ruidos aprenden a hablar como nosotros.
La ropa adquiere nuestra forma.

Las cosas nos imitan
Pero al final
nosotros imitaremos a las cosas.

                                          Roberto Juarroz              
               extraído de Séptima Poesía Vertical


                     







                                                                                   

Ventana



Había llovido de madrugada, mediaba agosto, llevaba unos años viviendo en México DF.
Esa mañana, desde el segundo piso de la casa de calle Belisario Domínguez en la colonia Azcapotzalco, miraba por última vez  el trajinar de los vecinos, lo que conocía de ellos, el frente de sus viviendas.
Hacia abajo; los árboles tejiendo su  telaraña pendular de sombras sobre el mar inmutable del asfalto. Hacia el horizonte; el manto de chapas extendido caprichosamente por los techos de los varios galpones en la zona.
Dejaba la casa donde no  habitamos  juntos mas que algunos meses, de lo poco que alcancé a leer  sentado en el suelo o sobre el colchón acertando al cono de luz que entraba  por la ventana del dormitorio, (daba al patio trasero y pusimos en lugar de cortinas una tela de la india) recuerdo ´´Todos los nombres`` de Saramago. Entré, salí, me perdí en ese laberinto de  bibliotecas creciendo por las paredes como enredaderas infestadas de nombres, fechas, expedientes, furtivamente despojados de su anonimato en las noches a manos de Don José.
Una suerte del mito de Ariadna mas cercano en el tiempo y en una todavía asible Lisboa, por la que caminaría también tras  un rastro, no un hilo, si no  los pasos desvanecidos del poeta que en su nombre nos contiene a todos, las huellas de lo que miró cuando se sentaba a ver el río que dejaría un tajo de luz en mi memoria, saldría pero no ileso. Aún no lo sabía

Dejaba  la colonia y los años junto a Laura, era sábado, pedí por teléfono un par de taxis, en tardes anteriores nos habíamos separado. El desengaño mutuo y la desconfianza en lugar del anhelo ya eran el alimento de nuestros días como pareja, había despejado y se podían ver las laderas del valle.
Sonó el timbre y me asomé esperando ver los taxis para bajar con las valijas y las cajas, había un tipo  en el portón mirándome, a unos metros su auto subido a la acera con las puertas abiertas y la familia dentro; supuse. Todos sonreían y se miraban ansiosos  esperando algo, como a punto de romper la piñata.
Me pidió pasar, le dije que tenía apuro ,que esperaba de un momento a otro la llegada de los taxis, insistió y  bajé, me contó que esa casa había sido de sus abuelos y parte de su infancia estaba  entre esas paredes, solo quería verla una vez más. Cuando lo mencionó recordé el apellido escrito en el boleto de compra, desde unos ojos ajenos levanté la mirada  y como si  las palabras a mi boca vinieran involuntariamente, dije que bueno, pero rápido. Tenía que cruzar con mis cosas casi toda la ciudad hasta Tasqueña, arreglar el alquiler de la habitación con la seño, (hay joven que manera de bailar tienen en tierra caliente, debería conocer me dijo con una risita eléctrica mientras se ponía los lentes de sol antes de irse por unos días junto a dos amigas hacia el puerto de Veracruz) compartir unos tamalitos verdes con Carlos a modo de bienvenida, él  ya vivía allí. Su amistad generosa y la complicidad para el humor me hacían más llevadero el trago. Luego desandar camino en el metro  hasta el  zócalo donde trabajaba.

Subiendo la escalera se detuvo justo debajo de un travesaño de madera que estaba  sobre el recodo, a él por su altura le obligó a torcer el cuello, no en mi caso.Esa detención que hubiera supuesto mínima, no lo sería. Quedó inmóvil observando ese espacio  y después de unos  instantes  que me parecieron la abolición
del tiempo, empezó a relatarme con palabras entrecortadas que ahí mismo su abuelo lo lanzaba hacia arriba y jugaban a que tocara con sus manitas de chavito de cuatro a cinco años el travesaño de madera, a veces me daba un golpe y lloraba un poco; dijo.
Ahora mismo tenía los ojos como el cielo de última hora, rojizos a punto de soltar lágrima, le alcancé un pañuelo de papel y un vaso con agua para mitigar el ahogo y el aluvión de recuerdos que este perfecto desconocido me arrojaba escalera abajo.
Me iba, dejaba una vida posible, se acortaban las distancias hacia lo que vendría, hubiera pagado por un abrazo y una palabra, no tres, ni dos, un abrazo como el que le daba sin poder rodear del todo el ancho de su espalda, casi en puntas de pié.
Entendí a miles de kilómetros de esa mañana,  que dentro de aquel cuerpo enorme casi desfondado, latía mudo y desierto el hueco dejado por el chavito sin abuelo, ni chichones en la frente. Otra vez la voz ajena, tranquilo; dije.

Llegaron  los taxis, el tránsito del periférico marchaba fluido, solo recuerdo algunos gestos del chofer, vagamente el estampado de su camisa, pero ignoro si hablamos y de qué. Durante el resto del día se vieron con nitidez inusual los bordes de la ciudad, incluso el Ajusco.

R.C 2013